viernes, 10 de agosto de 2007

Alarmantes complicaciones de una carta de amor

Es por todos nosotros conocido que el amor tiene la capacidad de hacer a un hombre no sólo ciego, sino además estúpido. Pero somos más pocos los que llegaríamos a reperar en el poder de un par de bellos ojos morenos, y de una figura femenina de gran sensualidad-todavía grácil y elegante, apesar de los años llevados a cuestas-, para hacer que una jovencita, hasta entonces sana, llegue a la exorbitancia de confundir la línea entre el amor y la sincera y desinteresada admiración.

Un nuevo capítulo amoroso se escribe en la vida sentimental de Eiza González. Marcando como principal particularidad entre sus páginas la incursión en él del sexo que sólo puede permitirse la hermosura y la amabilidad. Nos referimos desde luego a la carta encontrada en el foro de producción de la novela, escrita de puño y letra de Eiza, pero llena de citas cursis y mal elegidas de los más ilustres literatos. "Tú que sabes lo que es el amor-dice Lola, haciendo una clara alusión al libreto que Da Ponte escribió para "Las bodas de Fígaro" de Mozart-, díme si es esto que tengo en el corazón..." Y continúa aquella carta con demás frases por el estilo, todas muy bonitas, de la pluma de respetables escritores, pero sin ninguna cohesión, de forma que da la impresión de estar ante un hermoso collar de perlas sin hilar. Pero si el mal gusto y la verbosidad de Lola no es algo que merezca ser digno de escándolo, si lo es la última dedicatoria que recogemos aquí íntegra: "Tuya sinceramente, la más servil y fiel de tus esclavas, que te ama más de lo que te podría llegar a amor cualquier hombre (incluido tu marido)" ¡Válgame!, la carta es para una mujer, y además para una ¡mujer casada! ¿Quieren saber quién es aquella belleza de ojos morenos y cuerpo bien conservado?

No hay comentarios: