domingo, 26 de agosto de 2007

Reune Eiza González a decenas... sí, nada más decenas ¿que creyeron que iba a decir decenas de miles?

La nota es del periódico Mileno

Reúne Eiza González a decenas de personas en una firma de autógrafos

Algunas personas compraron el disco de la protagonista de “Lola, érase una vez” para llevarse la rubrica, un beso o una fotografía de la joven intérprete.

México, D.F.- La actriz juvenil Eiza González, protagonista de la telenovela “Lola, érase una vez” ofreció este sábado una firma de autógrafos en una tienda departamental en el norte de la capital mexicana.

González, quien era esperada por una decena de niñas acompañadas de sus padres, en esta ocasión no realizó la firma para promocionar su disco sino como parte de la Experiencia Tommy Hil Filfiger, marca patrocinadora del evento.

Ante el escaso público y a petición de la actriz y cantante, los organizadores permitieron el acceso, lo que provocó que la gente hiciera largas filas para conseguir un autógrafo de la protagonista de “Lola, érase una vez”.

Incluso, algunas personas compraron el disco de González para llevarse la rubrica, un beso o una fotografía de la joven intérprete.

Ante la inesperada respuesta de los visitantes, la cantante dio prioridad al público haciendo esperar un poco a los medios para ofrecer entrevistas, sin embargo, la amenaza de lluvia mermó el número de interesados en conocer en persona a su actriz favorita.

lunes, 20 de agosto de 2007

La sobrecogedora confesión de la niña Eiza: una historia de abuso infantil

El siguiente texto no es sólo una muestra de las pretensiones literarias de Eiza (ya que viene de su propia pluma), sino que además constituye un relato de una de las épocas más difíciles de su vida: la muerte de su padre.

Y bien, sin más molestos preambulos he aquí la "confesión":

Embelesada por la grata delicia que el leve suspiro del crepúsculo ofrecía, desperté animada del dulce sosiego, entre la caótica serenidad del callado vagón. Había gastado los últimos céntimos del dinero que me legó papá en el billete de tren a la capital; mas nada me importaba ya verme reducida de esa forma a todos los inconvenientes y consecuencias de la pobreza. Aquel mal, que en la infancia me habían presentado como la mayor de las desgracias, había perdido entonces su capacidad para intimidarme. Mi vida carecía de objetivos, carecía de objetivos porque hasta entonces había buscando un motivo que me permitiera seguir adelante, una razón por la cual hubiese tenido que venir al mundo en tan desdichadas circunstancias. Ahora sólo quería huir, desaparecer.

Con la muerte de papá, acaecida no hacía más de dos semanas, mi tutela dependía del hombre al que más temía. Y yo huía, huía hacía los confines del mundo. Huía porque sabía que su amor por mí era insano. Porque no podía olvidar el beso que me dio tras las gruesas cortinas de terciopelo del salón ni podía, tampoco, dejarse consumirse en mis recuerdos la blancura deslumbrante de sus muslos desnudos, ni el abultado volumen de su vientre peludo, ni la flacidez inflexible de su miembro inerte; porque sus gruesas manazas baja mi falda, hurgando toscamente en mi intimidad, quedaron marcadas para siempre.

-No le digas nada a papá- decía él; y en su mirada se dibujaba la expresión agridulce de aquel que por fin se decide a saciar el deseo largamente postergado.

Entonces no podía entenderlo, nada sabía. Pero en mi pecho ya ardía el deseo por ceñir mi cuerpo desnudo contra el suyo, por sentir sus besos, sus caricias. Estaba enamorada, doce años tenía, y nada sabía.

Pero su amor por mí no podía.

Voy a pasearme por todo el andén, con mi abrigo de lana rosa raída y mi maleta destartalada de cuero y hojalata. A contemplar como se agolpa ante mí, como mosquitos en derredor de una bombilla, la densidad de personas con paso artificioso. Me detendré un segundo a pensar en él. Recordaré con nostalgia todo aquello que he dejado atrás. Sufriré callada bajo el reloj descompuesto de la estación, como la muchacha a la espera de un novio que nunca volverá.

La criatura que me mira impávida, desde los interminables rieles de madera y lustro metal, espera estoica a que la enorme mole metálica la golpee, a que sus ruedas furiosas arrastren con vigor sus despojos. Para ella la vida tampoco ha sido fácil. La veo de pie, desnuda, asustada, frente al sillón de terciopelo rojo; en él se encuentra echado su tirano, disfrutando de su belleza . La hace voltear, agacharse, ponerse en cuclillas. Le ordena vestirse y desvestirse una vez más. Y todo en vano, pues nada de lo que ella logrará satisfacerle. Por eso enfurece y la golpea, la insulta y la obliga a llevarse su miembro flácido a sus labios. Aquella criatura lleva el mismo abrigo de lana rosa y será bajo las oscuras entrañas mecánicas en donde halle su fin.

Veo también a su padre, flacucho, hosco, miserable. Los veo a ambos cruzando penosamente la gran puerta roja del edificio, mientras el tirano con su sonrisa les saluda con sobrada fatuidad. Pobre hombre, mediocre y débil, no sabe a lo es sometida su hija.

Podría dejarme caer a su lado, y compartir juntas de esa manera el mismo destino. Pero no lo hago, y vivo, y amo, sufro, me desvelo y lloro. Me sublevo ante la idea de que deba dejarle ¿qué será de él si yo le abandono? Y me consuelo ante la perspectiva de la felicidad, de un amor más grande que el otorgado por la vocación cristiana por buscar el bien de los demás, la felicidad a su lado. Porque no puedo dejarme caer sobre los reluciente rieles del tren, y abandonar así todo. Pues de nuevo tengo deseos de vivir, de ser feliz.

-Debo decirle, que apesar de todo, me he enamorado de usted con locura. Una sola palabra suya, una negativa o una confirmación, cambiará todo. Será usted mi vida o mi muerte- decía, sin que yo le escuchase, cuando papá aún yacía sobre la mesa del comedor-. Digame usted, querida hermana, si es que quiere hacerme el hombre más feliz del mundo.

Y de nuevo puedo verle meciendose sereno bajo la sombra del viejo árbol de follaje argentino. En aquellas magnificas tardes de otoño, cuando el sol calienta aun más que en primavera, "donde en el verde follaje resplandecen naranjas de oro y un viento leve corre desde el cielo celeste" Porque soy capaz de amar, y soy capaz de sufrir . Porque apesar de ser la misma chiquilla, con el mismo abrigo rosa de toda la vida, soy también una mujer, una mujer capaz de proferir un amor más grande que el que él me profesaba.

Yo le amaba, le amaba con calor cristiano. Con un amor desinteresado, sin objetivos. Un amor duradero que está más allá de la voluptuosidad. Como se ama al prójimo, al enemigo, a Dios mismo. Le amaba como puede una muchacha amar al hombre que la ha tomado contra su voluntad. Como amó y perdonó aquel, que siendo Dios, murió por nosotros.

jueves, 16 de agosto de 2007

Lola rectifica los agradecimientos de su álbum

Según el primer borrador-alterado por error del editor-,lo que los agradecimientos debieron decir fue:

Quiero darle gracias a la proxeneta de mi mamá, al petimetre de mi hermano y a mi familia que siempre me han explotado.

La parte donde agradece a los hombres de su vida es tal, pero el editor borró la deliciosa aclaración donde Lola nos plantea la imposibilidad de recordarlos a todos; y donde extiende además su agradecimiento a aquellos que sólo estuvieron en su corazón por una noche, vanagloriándose de poder contar tales aventuras por miles.

viernes, 10 de agosto de 2007

Alarmantes complicaciones de una carta de amor

Es por todos nosotros conocido que el amor tiene la capacidad de hacer a un hombre no sólo ciego, sino además estúpido. Pero somos más pocos los que llegaríamos a reperar en el poder de un par de bellos ojos morenos, y de una figura femenina de gran sensualidad-todavía grácil y elegante, apesar de los años llevados a cuestas-, para hacer que una jovencita, hasta entonces sana, llegue a la exorbitancia de confundir la línea entre el amor y la sincera y desinteresada admiración.

Un nuevo capítulo amoroso se escribe en la vida sentimental de Eiza González. Marcando como principal particularidad entre sus páginas la incursión en él del sexo que sólo puede permitirse la hermosura y la amabilidad. Nos referimos desde luego a la carta encontrada en el foro de producción de la novela, escrita de puño y letra de Eiza, pero llena de citas cursis y mal elegidas de los más ilustres literatos. "Tú que sabes lo que es el amor-dice Lola, haciendo una clara alusión al libreto que Da Ponte escribió para "Las bodas de Fígaro" de Mozart-, díme si es esto que tengo en el corazón..." Y continúa aquella carta con demás frases por el estilo, todas muy bonitas, de la pluma de respetables escritores, pero sin ninguna cohesión, de forma que da la impresión de estar ante un hermoso collar de perlas sin hilar. Pero si el mal gusto y la verbosidad de Lola no es algo que merezca ser digno de escándolo, si lo es la última dedicatoria que recogemos aquí íntegra: "Tuya sinceramente, la más servil y fiel de tus esclavas, que te ama más de lo que te podría llegar a amor cualquier hombre (incluido tu marido)" ¡Válgame!, la carta es para una mujer, y además para una ¡mujer casada! ¿Quieren saber quién es aquella belleza de ojos morenos y cuerpo bien conservado?

jueves, 9 de agosto de 2007

La jerga de Juan Luis (Boris)

Una jerga, haciendo memoria, no es otra cosa que una elección de palabras que caracteriza a un grupo de personas. Tenemos así, por ejemplo, la jerga de los poetas, de los científicos, de los pedantes que escribimos calumnias en internet... y también, para desgracia nuestra, la jerga de los léperos: insultante y pertinaz. Es en esta última en la que un jovencito bien conocido por todos nosotros, Juan Luis (Boris), posee una soltura y un dominio dignos de todo un señor lépero en pleno uso de su facultades verbales (si así podemos llamarlas). No han sido pocas las veces en las que “Boris” se ha calado a insultos con sus compañeros del reparto ni debiera sorprendernos que el blanco predilecto de sus bajezas suelen ser miembros del bello sexo: Eiza, aquella ex novia de Archi de la cual no podemos recordar el nombre y hasta la misma Marion, de similar hechura, son algunas de las que han sido víctimas de este pequeño calaverita.Caso particular es el de Zoraida Gómez,a quien (¿uds pueden creerlo?), la llamó "pendeja", ¡válgame!¿Qué tal resultó el pequeño de facciones aniñadas?

Un pleito muy verídico entre Marion y Valentina

Esto viene del foro de eizafans.com:

Tengo que faltar a mi promesa, no puedo irme sin antes contarles una penosa situación que se dio el otro día en el foro (de producción, obvio). Un escándalo armado por aquella muchacha del elenco quien ingenuamente se cree muy encantadora e importante, no siendolo. Así es, hablo de Natasha Dupeyrón (Marion), quien le armó un gran pleito a la Valentina el otro día, por no decir que fue Valentina la causante de desencadenar la cólera de la fiera, al tener la osadía de pedirle que "bajara sus humos"; y como no hay ningún freno para quien en la impulsividad de su prepotencia se siente capaz de todo, blandiendo un completo arsenal de leperadas, Natasha se portó más brava que en cualquiera de las escenas de la ya de por sí dramática Marion von Ferdinad, ¿Y quién creen que contuvo los "humos" de Marion? Pues su comadre Eiza, así como la ven está hecha de hierro la mushasha, y tengo aquí que agregar que apesar de su corta edad ya tiene un poco más de prudencia que su amiga. Aunque, nuestra buena Lola tampoco vende piñas, y no son pocos los miembros de la producción y del elenco que echan a ambas comadres en el mismo saco. Pongamos un ejemplo, Eiza en un principio era la persona más accesible, pocas artistas se entregaban al público como ella, no había momento en que no estuviera dispuesta a dar un autógrafo, acompañado de la respectiva fotografía conmemorativa (¿uds ya tienen su foto con Lola?); ahora, sin embargo, a nadie da ni una sonrisa si no es en una firma de autógrafos oficial, y con su respetivo ticket de compra del disco por delante.

Y así están las cosas, no lo tomen a mal, ellas podrían resultar menos sangronas que el promedio de artistas que suelen serlo.

Una última bomba antes de perderme definitivamente en esta negrura que ennegrece hasta los huesos: hace algún tiempo les prometí decirles que muchacho no tenía mucho interés en los placeres mujeriles, pues bien, si uds conocen a Alberto la respuesta está dada. Adiós.